
Una investigación reciente en Cataluña ha arrojado luz sobre cómo la abundancia de ciertas especies arbóreas ornamentales, no nativas de la región, contribuye a la expansión de insectos invasores. Estos árboles proporcionan los elementos esenciales para que estas especies foráneas se asienten. Específicamente, el estudio destaca el vínculo entre la sófora (Styphnolobium japonicum) y la abeja gigante de la resina (Megachile sculpturalis), originaria de Asia, como un factor clave en su propagación.
El estudio, publicado en la revista científica Oikos y con la participación de investigadores de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), examinó la distribución simultánea de ambas especies. Los hallazgos revelan que la disponibilidad de la sófora es tan o más crucial que las condiciones climáticas para determinar la presencia de esta abeja invasora.
La Megachile sculpturalis es una abeja solitaria de considerable tamaño, que puede alcanzar los dos centímetros. A diferencia de sus parientes sociales, esta especie no forma colonias; cada hembra establece su propio nido. Originaria de Asia oriental, fue detectada por primera vez fuera de su hábitat natural en Estados Unidos en 1994, y en Europa, su primera aparición fue en Francia en 2008, desde donde se ha extendido rápidamente. En la península ibérica, fue observada por primera vez en Cataluña en 2018.
La investigación resalta el papel de la Styphnolobium japonicum como un factor determinante en la presencia urbana de esta abeja. Este árbol caducifolio, oriundo de China, se ha utilizado ampliamente como planta ornamental en muchas ciudades. Su período de floración en el hemisferio norte, durante julio y agosto, coincide perfectamente con la fase de actividad de Megachile sculpturalis, proporcionando una fuente abundante de alimento. Ciudades como Barcelona y Viladecans cuentan con miles de ejemplares de sófora, lo que crea un entorno propicio para el insecto.
Para analizar la conexión entre las dos especies, los investigadores recopilaron 150 avistamientos de Megachile sculpturalis y 21,383 registros de Styphnolobium japonicum en Cataluña. Utilizaron esta información para desarrollar modelos que compararan la influencia del clima, la presencia de sóforas y la ubicación geográfica en la distribución de la abeja. Los resultados confirmaron que la disponibilidad del árbol es tan crucial como el clima para la propagación de la especie invasora.
El estudio subraya un aspecto a menudo subestimado al evaluar especies exóticas: las interacciones entre organismos introducidos. Una planta no nativa, aparentemente inofensiva, puede ofrecer alimento o refugio a animales también introducidos, facilitando así su establecimiento. Esta relación simbiótica entre la sófora y la abeja gigante de la resina, ambas de origen asiático, ilustra cómo pueden favorecerse mutuamente en nuevos entornos urbanos.
A pesar de la clasificación de Megachile sculpturalis como especie invasora, sus efectos ecológicos aún no se han cuantificado por completo. La evidencia actual sobre sus impactos negativos es preliminar, lo que resalta la necesidad de una investigación más profunda para comprender las consecuencias de su expansión. Es crucial entender cómo esta abeja interactúa con las comunidades de polinizadores autóctonos, analizando el uso de recursos florales, la competencia por lugares de anidación y la evolución de su distribución. Los investigadores enfatizan la importancia de integrar estas relaciones en los modelos de predicción de invasiones biológicas.
Los hallazgos del estudio tienen importantes implicaciones para la planificación de espacios verdes urbanos. La elección de especies ornamentales ha sido históricamente influenciada por factores estéticos y de adaptabilidad. Sin embargo, esta investigación demuestra que dicha selección puede alterar las interacciones ecológicas existentes. Se sugiere considerar la eliminación de flora invasora o de especies que faciliten otras invasiones, priorizando el uso de plantas autóctonas en proyectos de restauración urbana. Esta recomendación es vital, especialmente dado el objetivo europeo de incrementar las áreas verdes en las ciudades, y destaca que una gestión cuidadosa del arbolado ornamental trasciende el mero paisajismo urbano, impactando directamente en la biodiversidad y en la prevención de futuras invasiones.